RODRIGO ALMEIDA

En 2010, durante una entrevista laboral, me preguntaron cómo me imaginaba en cinco años. No recuerdo qué respondí pero sí estoy seguro no haber dicho que practicando yoga. Y no lo hice porque aún, el yoga y yo, no nos habíamos cruzado.

Analítico de nacimiento, inquieto, metódico y observador, pasé mis primeros años de vida adulta estudiando Ciencia Política en la UBA, casa de estudios donde me recibí, y en la búsqueda de alguna actividad que me permitiera salir, al menos un rato, de mi cabeza.

Atletismo, Handball federado, natación, acrobacia en telas, pilates, entre otras.

El yoga apareció en mi vida, en estilo Ashtanga, hacia mediados de 2016. Luego de la primera práctica supe que era el infinito camino que quería transitar. Inmediatamente, se abrió ante mí un mundo nuevo. El yoga se volvió parte de mi. Y yo me volví parte del yoga.

Con dos profesoras asombrosas a quienes, muy a su pesar, considero mis maestras, fui introduciéndome cada día un poco más en la práctica descubriendo una manera diferente de contemplarme ante el mundo. Con mi constancia en la práctica, mi transformación personal y mi deseo de seguir interiorizándome y compartir con otros los beneficios que el yoga trajo a mi vida, comencé la formación de Hatha yoga, en el Instituto Lonavla, de Alicia Souto.